Notas De La Espiritualidad Ignaciana

September 17, 2007

La espiritualidad ignaciana no se define por alguna formulación tipo, ni siquiera lleva a la práctica de una virtud, como la pobreza u obediencia, menos a una clase específica de tarea, llamada comúnmente apostolado. Va directo al corazón mismo del ser humano que quiere- por la gracia de Dios- estar plenamente libre y disponible para colaborar, con Dios, en la redención del mundo, entiéndase como liberación, libertad, rescate, salvación, defensa, etc.)
En 1522, Ignacio de Loyola tiene una experiencia espiritual que orienta su vida de forma definitiva. Toma nota de los rasgos de esta su experiencia y trata de formularla de manera comprensiva. Anota en un cuaderno algunos descubrimientos que podrían ayudar a otros a hacer lo mismo.  Algunas de estas notas son la prefiguración de lo que luego se llamará rasgos de la espiritualidad ignaciana. Me permito presentarles cuatro de ellas: Una profunda confianza en el ser humano, la convicción de que lo que está en juego es la libertad humana que hay que conquistarla, el valor y el respeto a las mediaciones humanas, históricas y, finalmente, tomarse en serio el mundo como lugar de la presencia de Dios.

Una profunda confianza en el ser humano. Para Ignacio no sólo estamos  “creados a imagen y semejanza de Dios”, somos, por sobre todas cosas, hijos de Dios y esto nos confiere una dignidad muy grande. La grandeza del ser humano debería, además de  sobrecogernos, exigirnos a corresponder con todo ese potencial que Dios ha puesto en el ser humano y comprometernos a hacer el mejor uso de todos los talentos que hemos recibido. Esta toma de conciencia deberá promover un profundo respeto hacia el ser humano para respetar su dignidad, su grandiosidad como creatura. Los fundamentos de la espiritualidad ignaciana se encuentran en la atmósfera humanista y renacentista que exalta la dignidad del ser humano, razón por la que no busca su negación, sino la afirmación de su libertad al servicio de Dios y del ser humano. El ser humano nace para dar gloria a Dios y para servirlo a ejemplo de Jesucristo. Todo lo que impida el camino anterior debe ser rechazado, de ahí la insistencia en el ejercicio de la auténtica libertad. 

Una auténtica libertad humana. Ignacio habla de una libertad radical, pues la persona está llamada a ser libre. La libertad es un proceso de progresiva liberación de condicionamientos internos y externos, de crecimiento en responsabilidad, en el respeto a la libertad ajena y en el rechazo a toda restricción, manipulación y opresión de la libertad de las personas, grupos y pueblos. Iniciar en el uso de la libertad y la responsabilidad mediante la toma de decisiones personales, el sentido crítico, y la capacidad de sacrificio y renuncia.

El respeto a las mediaciones. Dios se manifiesta y comunica muchas veces a través de mediaciones humanas, que no son siempre las inicialmente previstas o esperadas, sino en muchas ocasiones muy sorprendentes, es necesario que la persona que quiere encontrarse con Dios sea abierta al otro como mediación de Dios, capaz de comunicación, de decir y de dejarse decir. Los Ejercicios Espirituales ofrecen un excelente camino para convertir todas las cosas en lugar de encuentro con el Señor. Ignacio, fiel a este estilo espiritual, repite en distintas circunstancias esta convicción sobre la unión con Dios en lo secular para invitar a la práctica: “les aumente siempre en amarle en todas cosas, poniendo, no en parte, mas en todo, todo vuestro amor y querer en el mismo Señor, y por El en todas las creaturas…”. Y esta abertura de espíritu para hallar a Dios en todas las cosas es un don mayor que el de hallarle sólo en la oración y ejercicios de piedad. La razón es que el encuentro con Dios es una iniciativa suya y, por tanto, las mediaciones lo son de hecho en la medida en que el Señor se sirva de ellas. Por tanto, todas las cosas pueden ser “oración” o convertirse en verdadera “devoción”, e incluso lo que, mirado simplemente con una perspectiva natural, podría parecer distracción, puede ser “espiritual”, como pueden ser las tareas administrativas.

Tomarse en serio el mundo como lugar de la presencia de Dios. La espiritualidad ignaciana no surgió en la tranquila y pasiva realidad de un monasterio, sino en medio de la vida de un hombre que no era sacerdote, monje, sino un laico, un ciudadano de a pié. Para el laico Ignacio la persona humana no busca auténticamente a Dios si no se compromete, si no se inserta en el mundo creado. Y por otro lado reconoce que no hay auténtico compromiso con el mundo creado que no sea fruto de un descubrimiento de Dios. De ello se sigue que la espiritualidad ignaciana no nos fuerza abandonar este mundo para encontrar a Dios ni nos obliga vivir en un mundo distinto a nuestro para sentir su gustar y hallar su presencia. Lo primero que nos dice es que miremos la realidad, que no le tengamos miedo, que la enfrentemos, que “estemos al día”. Mirarla desde perspectivas amplias, con estudio riguroso, ojalá interdisciplinar.

P. Arturo Moscoso Pacheco. sj.

Espiritualidad cristiana, ¿en qué consiste?

August 25, 2007

No es fácil presentar de un modo claro y simple qué es esto que llamamos espiritualidad. Usar esta palabra o expresión produce sensaciones parecidas a las que experimentamos al usar otros términos como vida, amor, experiencia. En todos estos casos nos estamos refiriéndonos a experiencias fundamentales de nuestra existencia. Nos es difícil conceptualizarlos, decirlos de alguna forma.
Es más fácil entreverlos, experimentarlos. Podemos descubrir, eso sí, un factor común a estos términos comunes de densidad significativa. Todos se experimentan, se viven, se sienten, humanamente hablando, en medio de una relación interpersonal. Por ejemplo, una mamá que cuida de su hijo enfermo experimentará que todo su ser vibra con el ser amado, en él se focaliza y se centra; de manera más “inteligente” que nunca, percibir a su hijo. Experiencia, o si se prefiere vivencia de amor, comunión de vida entendida en su sentido más amplio y totalizante que hace del ser humano alguien que se entrega de modo indefinido, pero definitivo, en todas sus dimensiones. Igualmente el creyente se encuentra en Dios en medio de una experiencia vital de amor y comunión. Encuentra en Dios la fuente última y profunda desde donde siente y experimenta que mana su vida toda. Y desde esta experiencia todo se transforma, cobra nuevo sabor, un modo nuevo de ver las cosas y sentirlas. Una nueva vida, incluyendo la comprensión de sí mismo.
¿A qué se llama espiritualidad? Ser un ser humano, es ser “alma y cuerpo”. Dos realidades que se encuentran íntimamente unidas en nosotros de tal manera que una de ellas no existe sin la otra. Desde la concepción, en el secreto del vientre materno, comenzamos a ser cuerpo y alma. Del mismo modo que el término corporalidad expresa el hecho de que el ser humano tiene un cuerpo, el término espiritualidad expresa la realidad de que tiene un espíritu. El ser humano es cuerpo, sí, pero no sólo cuerpo, también es alma, espíritu . Estas dos realidades humanas están íntimamente relacionadas, al punto que el ser humano es una sola cosa, no la simple yuxtaposición de un cuerpo y un alma, sino un cuerpo espiritualizado o si se quiere, un espíritu encarnado.
En sentido genérico, la palabra espiritualidad designa una referencia que va más allá de lo visible, de lo tangible y de lo material.  El concepto cristiano de espiritualidad no tiene como referente una negación u oposición a la materia (lo espiritual vrs lo material), sino dice relación directa al Espíritu, a la Persona del Espíritu Santo, el Espíritu de Jesucristo y de Dios Padre.  La espiritualidad es El Espíritu que habita en el ser humano y la vida según este Espíritu.
Entonces, ¿Qué hay que entender por espiritualidad cristiana? La espiritualidad cristiana es la experiencia del Dios de Jesucristo en la vida de quienes creen en Él. Lo que define la espiritualidad no son las prácticas sino la irrupción de una Presencia insospechada y transformadora, ya que Dios se hace presente en la vida de las personas. Esta irrupción de Dios provoca la conversión, la acogida y compromiso con el Proyecto de Jesús, que en definitiva es el Proyecto de Dios Padre , mediante el don del Espíritu .  Esta vida según el Espíritu se opone a un estilo de vida encerrado en sí mismo . Una vida en el Espíritu no es auto-referente sino acepta su condición de creatura y busca el significado sobre la propia existencia en el horizonte de un Creador que ama infinitamente a su creatura.
Por ello, una espiritualidad abierta a la acción del Espíritu implica una centralidad en la Persona de Jesús el Cristo , la construcción de una comunidad fraterna en misión , en una actitud de acción de gracias y en el gozo del anuncio del Evangelio , privilegiando una preocupación hacia los más pobres y marginados de la sociedad . 
El cristiano que asume una determinada espiritualidad expresa concretamente una opción fundamental en su existencia, que cambia su horizonte de significados y sentidos, porque la experiencia de Dios implica un compromiso con el proyecto divino sobre la historia humana, porque la conversión a Dios se traduce en una conversión hacia el otro como imagen y semejanza de Dios.
La esencia de la espiritualidad cristiana es el seguimiento histórico de Cristo bajo la guía de la acción del Espíritu.  La espiritualidad cristiana es una existencia que se deja interpelar por la presencia divina y se transforma en un estilo de vida (opciones, actitudes, comportamientos).  Por ello, existen distintas expresiones de esta misma espiritualidad ya que este camino histórico tiene distintos contextos definidos por el tiempo y el espacio, como también por el acento y la prioridad que se da a uno u otro aspecto en la respuesta a la llamada de Dios .
Al hablar de “espiritualidad”, de manera sencilla, hay que entenderla como una manera específica, particular de vivir el seguimiento de Jesús. Por eso se suele decir que en la Iglesia existe una diversidad de espiritualidad, cada una según un modo propio, concreto, específico de vivir este seguimiento. Hablamos de espiritualidades franciscana (San Francisco), dominica (Santo Domingo), o ignaciana (San Ignacio) según los modos de seguir a Jesús de san Francisco, santo Domingo o san Ignacio de Loyola.
El mayor legado que san Ignacio ha dejado a la Compañía de Jesús y la Iglesia es su espiritualidad, expresada en textos como su Autobiografía, su Diario Espiritual, sus cartas, pero de manera especial en sus Ejercicios Espirituales.
El centro de la espiritualidad de Ignacio es la identificación con Jesucristo.

P. Arturo Moscoso P. sj.

  Puede hacerse de manera muy válida una distinción tripartita entre cuerpo, alma y espíritu. Para el caso, quedémonos en la relación íntima entre cuerpo y alma.
  “He bajado del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado” (Jn 6, 38; ver también: Jn 4, 34; 5, 19.30.43; 6, 57; 10, 18.25.37; 12, 49 – 50; 14, 10.24.31; 15, 10.15; 18, 11).
  Ver 1Cor 2, 10 -16.
  Ver Gál 5,16 -25. Ver Fil 3,7-11.
  Ver 1 Cor 12 – 14.
  Ver Rom 1, 14 – 17.
  Ver Mt 25, 31 – 46.
  Ver S. Spinsanti, “Ecología”, en AA.VV., Nuevo Diccionario de Espiritualidad, (Madrid: Paulinas, 19914), p. 510.

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June 9, 2007

Este es el espacio de difusión de actividades de los periodistas ignacianos de Bolivia. Aquí encontrarán trabajos, artículos y muchas novedades. Gracias por su visita.